jueves, diciembre 29, 2011

El "shock" como instrumento de política económica


Hemos visto como en Catalunya a 210.000 funcionarios se les iba a retrasar la paga de Navidad, la cual, además, iba a quedar rebanada en un 20%, cantidad que no iban a cobrar hasta el 2012. Para mayor infamia a los funcionarios se les retuvo todo el IRPF, como si hubiesen cobrado al 100%.

El alboroto ha sido tremendo. La ofensa de los políticos no tiene nombre, ya que ahora vemos, ante el pollo que se ha montado, que la Generalitat, en 24 horas, ha conseguido un crédito del banco de Sabadell. Por lo tanto la pregunta inmediata es ¿por qué no planificó con tiempo el problema (si es que lo había y no se ha creado artificialmente) y se adelantó a los acontecimientos y evitó este berenjenal?

La respuesta es muy fácil. Lo que buscan nuestros políticos es aterrorizar al trabajador para hacerle creer que la crisis obliga a tomar medidas que por otra parte son perfectamente evitables.

Ya Naomí Klein, en su importante libro “La doctrina del shock” nos advirtió ¡hace cinco años! que nada mejor para el Capital que una sociedad y unos trabajadores aterrorizados a los que, una vez se hallan en esta situación, se les pueden aplicar las medidas que hagan falta sin que chisten, todas ellas con un mismo fin: apoderarse al máximo de sus rentas.

La Generalitat de Catalunya ha entrado en este juego miserable con un objetivo muy importante y prioritario: privatizar la Sanidad Pública, o sea, apoderarse unos pocos de este gran negocio. Pero para aplicar gradualmente las medidas que desmonten la Sanidad Pública hay que hacerles creer a la gente que esto se acaba, que estamos al cabo de la calle y que no hay dinero ni para las nóminas.

Una vez la gente se ha creído que estamos en pleno hundimiento y paralizados ya por el terror, sin capacidad de reacción y protesta, es facilísimo, por ejemplo, subir los peajes de las autopistas catalanas en porcentajes muy superiores a la inflación (debo recordar al lector que las autopistas cobran mucho dinero en cash, por lo que se pueden guardar muchas cantidades en negro, con las que siempre se pueden hacer cosas… y ser agradecidos) o imponer el copago sanitario, entre otras cosas (o atracos).

Para despistar esto se acompaña de medidas que implican a los empresarios. Así nos hacen creer, por ejemplo, que a los hoteleros les aplicarán la tasa turística. Doble contra sencillo a que esto no se aprobará, aunque naturalmente, para despistar, en este caso será el PP el culpable de que no “hagamos pagar la crisis a los empresarios”. ¿Alguien va a defender que se anule el salvaje incremento de precios que se ha aplicado en el transporte público?

Por otra parte se pretende culpabilizar del problema a “Madrid”, quien no paga lo que debe, causa de que "no haya dinero". Volvemos al victimismo tan querido por Pujol, que dio y puede dar muchos votos, ya que hay gente que se cree toda esta comedia, una comedia que obliga a los culpables del desaguisado de las nóminas “a poner su cargo a disposición de”, tarea que efectúan con una gran carcajada interna, a sabiendas que permanecerán en el cargo, ya que el terror está planificado.

Pero la noticia del día, además del pago a los funcionarios, es que se ha conocido que Josep Prat Domènech, presidente del Instituto Catalán de la Salud (ICS), -empresa de la Generalitat que gestiona unos 400 centros sanitarios de titularidad pública- y que es el impulsor del plan que prevé trocear y abrir al capital privado esta empresa pública, compagina este cargo con la vicepresidencia de USP Hospitales, uno de los mayores grupos sanitarios privados de España. Desde su privilegiada posición, Prat supervisa la reducción de actividad de los hospitales públicos catalanes causada por los recortes presupuestarios y, según la oposición, maneja una información que constituye una gran oportunidad de negocio para cualquier grupo hospitalario privado.

Pero, me pregunto, ¿cómo se puede permitir todo esto? ¿Qué hace el ciudadano catalán ante tales villanías? Creo que ya ha llegado el momento de decir basta. Hasta aquí hemos llegado. Y que no nos engañen con el terror que ellos mismos crean.

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